jueves, 19 de junio de 2008

CORREDOR

Corredor
MANUEL VICENT 27/04/1997

La cara de angustia que ponía aquel atleta en medio de la carrera se parecía mucho a la que ponen los místicos en plena oración. Me crucé con él junto al pretil del Tíber bajando del Gianícolo. Llevaba el equipo de corredor de fondo: zapatillas, pantalón corto, camiseta sin mangas y una cinta roja en la frente. Iba empapado de sudor. Doblé hacia la plaza de San Pedro y él siguió en dirección al puente de Sant' Angelo. Al rato, desde la escalinata de la basílica del Vaticano descubrí que el atleta venía por la vía de la Conciliazione y que seguía dando zancadas a lo largo de la columnata de Bernini. Pensé que era un privilegio hacer footing entre tanta belleza. Este corredor no parecía italiano, ni siquiera cristiano. Tenía en el rostro un aire obcecado, oriental, pero su buen gusto estaba fuera de duda ya que había elegido una maravillosa mañana de primavera en Roma para correr en medio de obras de arte y ruinas sagradas. Entré en la basílica de San Pedro y como siempre me acerqué primero a contemplar La Piedad de Miguel Ángel. Todas las naves del templo se hallaban invadidas a esa hora por la peste turística y una vez más, mientras recorría aquel espacio grandioso, me pregunté a qué Dios inmaterial se trataba de ocultar con tantos mármoles. En ese momento el atleta penetró en la basílica como un campeón de maratón que llega en solitario al estadio donde está la meta. No hubo -ningún guardia ni sacristán que lo detuviera. Con el rostro compungido por el esfuerzo este corredor de footing atravesó la nave central de la basílica, dio una vuelta al baldaquino bajo la cúpula y no cayó allí exánime. Sin abandonar la mirada de angustia, con la misma cadencia de sus zancadas trotó por una nave lateral hasta salir otra vez a la plaza y allí se perdió. Su cuerpo sudoroso, quebrado por el hígado, había atravesado el primer templo de la cristiandad entre mármoles de santos y tumbas de papas. El sudor son las lágrimas del atleta y la agonía de los ojos, su oración. Así vi pasar junto al altar a aquel corredor de fondo.

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